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Guía de Sexualidad > Maximizando tu sexualidad

Las caricias preliminares

El amor es un acto de cooperación, en donde ambos cuerpos y mentes se conjuntan para crear orgasmos. El primer paso es descubrir lo que tu pareja necesita y cómo darle el máximo placer.

Cuando pases a acariciar a tu pareja, procurad sentiros relajados para que todos los sentidos se encuentren listos para registrar cada sensación que produzcan las caricias. Disfrutad del acto, se siente mucho tanto acariciando como siendo acariciado. En los primeros momentos evita los genitales y fíjate en sus reacciones, intentando discernir lo que le provoque placer de aquello que pueda molestarle o no resultarle placentero.

Habla con tu pareja sobre lo que estás haciendo, de lo que tú y ella necesita; volver a tocar en un punto de una forma determinada sabiendo que ello le provocará placer, es una información que te resultará valiosa en siguientes relaciones e incluso durante el transcurso hasta la finalización de esta sesión.

Puede que ya hayas acariciado eróticamente a tu pareja, modificando los toque dé forma que ella haya pasado de la relajación a la excitación. Continúa explorando su cuerpo haciendo uso de partes inesperadas de tu cuerpo sobre partes inesperadas del suyo. Utiliza todas las partes de tu cuerpo.

Amplía tu repertorio experimentando con la velocidad y presión de tus caricias, haciendo cambios de ritmos, con pausas. Acaricia tanto con las manos como con los labios y/o la lengua. Bésala de diferentes formas, y utiliza los dientes para mordisquearla suavemente. Todo su cuerpo puede comportarse como una zona erógena, explora constantemente para hallar nuevos puntos erógenos en su anatomía.

Si su excitación aumenta, alcanzará la fase de meseta, por lo que el orgasmo puede sucederse en cualquier momento. Las mujeres necesitan que los juegos preliminares sean prolongados para excitarse adecuadamente tanto mental como físicamente. Una excitación adecuada hará la penetración agradable.

Puesto que todos somos diferentes, una mujer puede alcanzar el orgasmo rápida o lentamente, dependiendo del tipo de mujer, así tendrás que prolongarse los juegos preliminares. Las caricias suaves y sensuales, así como la utilización de los estímulos orales y manuales, ayudarán a la mujer a alcanzar lo que busca.

La alimentación

Alimentate con abundantes alimentos sin procesar y verduras frescas. Si no consigues sentir deseo o eres incapaz de lograr y mantener una erección, esto puede deberse a un desequilibrio hormonal, a una alimentación defectuosa o a un bloqueo en la circulación sanguínea o en el sistema nervioso que impida la excitación genital y, por consiguiente, la respuesta sexual. Recuerda que es importante realizarse un chequeo médico cada cierto tiempo, al menos de forma anual.

La desnudez

Para hacer el amor lenta y prolongadamente, desvestirse el uno al otro puede ser extremadamente excitante, o por el contrario, probad a realizarlo precipitadamente, o no os quitéis la ropa y descubrid sólo las partes esenciales. Es importante que no sientas complejos sobre tu cuerpo, sé tu mismo y muéstrate tal y como eres en ese momento. Sentirse seguro y a gusto en la desnudez, impedirá que puedan surgir barreras mentales que impidan una plena satisfacción sexual. Si observas que tu pareja muestra síntomas de “avergonzarse” de alguna parte de su anatomía, anímala y hazle ver que no tiene nada de qué sentirse avergonzado.

El después

El acto amoroso no termina con el orgasmo, para mucha gente los abrazos y caricias que le suceden, son una de las partes igual o más placenteras que el acto en sí de hacer el amor.

Puede que te sientas cansado o eufórico y activo, puede que tu pareja sienta lo mismo que tú o tenga reacciones distintas; sea cual sea la pauta que sigas después del orgasmo, asegúrate de pasar algún tiempo juntos en la cama o en la cocina mientras os preparáis algo de comer.

Hablad y compartir lo que sentís, exteriorizad vuestras sensaciones y emociones, así daréis una nueva dimensión a “hacer el amor”. Recuerda que unas palabras íntimas pueden redondear la experiencia, a pesar de los años que llevéis juntos, lo que podría inducirte a pensar que ya no hay nada nuevo de qué hablar. Hablad de lo que haréis la próxima vez, y planead cosas aún mejores para la siguiente vez.

Escucha siempre a tu pareja con atención, incluso si pensáis que no hay nada de qué hablar, que uno empiece con un simple: ”Lo que quiero decirte...”, el otro deberá dejarla hablar sin interrumpirla. Cuando haya acabado una de las partes, la otra parte hará la misma operación.

Es muy importante que entiendas lo más posible a tu pareja, y para eso, las mejores armas son: escuchar con interés, y hablar siempre con sinceridad.

Cuando nuestra pareja no hace lo que esperamos de ella, o hace algo que no deseamos, solemos sentirnos resentidos, para evitar estos problemas es bueno pasar el tiempo necesario comentando todo aquello que uno espera de la relación, y a continuación, comentar lo que esperáis del sexo; de todas y cada una de las cosas que penséis que son necesarias discutir.

Aprende a sentirte cómodo expresando tus emociones, díselo siempre a tu pareja cuando te sientas feliz y cómodo con ella, no simplemente como un desahogo, sino detallando con exactitud lo que sientes. Con los sentimientos negativos o experiencias poco satisfactorias en tu relación, aún con mayor necesidad debes de expresarlas e intentar comprender y ser comprendido por tu pareja, no te asuste el discutir, no es malo discutir para luego os sigáis amando; si reprimes tus emociones y tus sensaciones, esta represión puede acumularse y ser un freno en tu forma de sentir la relación.

La plenitud en el sexo depende de la fortaleza de la confianza mutua.

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